Uno en otro...

Desarrollaré a continuación una de las estrategias utilizadas en la Institución de Educación Especial que configuran dos sesiones simultáneas en el tiempo...
Ejes a trabajar como analizadores grupales: conocimiento, intercambio y convivencia a partir de las aceptaciones de las posibilidades y límites entre los integrantes del grupo.

Presentación grupal: 5 niñxs de 1º Ciclo.  Sus edades cronológicas oscilan entre 8 y 12 años. Presentan funcionalidades subjetivas diversas en la conducta, comunicación e intercambio y convivencia. 
Materiales y disposición:
-  Hojas blancas: tipo canson Nº 6 (medidas de las mismas 32 x 47 cm.)
-  Pinceles de dos tamaños (Nº 9 y Nº 12 Marca Eterna; la inclusión de dos tamaños obedece a  que cada uno pueda elegir aquel con el cual se sienten más cómodos o según intereses que sus trazos les despierten).
-  Témperas de distintos colores (primarios y secundarios, ya preparados y cada color en una bandeja distinta)
-  Bandejas,  envases con agua y  trapos.
            Opté, por las características de los niñxs y sus edades mentales, por la ubicación de los pinceles y bandejas con colores dispuestos en una silla al lado de cada hoja, que sirviera como mesa, con el objeto de evitar el traslado de los pinceles llenos de pintura desde la mesa-paleta hacia cada hoja, durante los dos días que duró la actividad. 
Esto no excluyó la posibilidad de realizar mezclas de colores, ya que se contó además con pinceles, recipientes de agua y trapos extras, para enjuagar los pinceles si así lo deseaban. 

En el “espacio-pintura” los participantes trabajaron de pié, frente a su hoja pegada en la pared, lo que favoreció y estimuló la dinámica inter e intragrupal.  Esta idea está vinculada a que se enriquece el uso de formatos mayores a los que se pueden utilizar sobre una mesa y que se rompe con la actitud corporal ligada al trabajo escolar diario. La distribución permite un aislamiento relativo de obra, donde la mirada es muy diversa según desde la distancia en que se la observe y facilita la rotación durante la consigna, sin perturbar la actividad del otro y brindando una mayor amplitud de movimientos. 

Realización del Trabajo:

            La semana previa a la realización se les explicó a los niñxs que haríamos un trabajo que se extendería por dos días y que consistiría en dibujar con témperas y pinceles en hojas grandes. La posibilidad de otorgarles un significado encadenado de hechos, que se desarrollan según una cronología es fundamental en la lógica cognitiva. Los encuentros serán de aproximadamente una hora y media cada uno; siendo este el tiempo máximo de tolerancia desde su umbral de atención.

 

Primer jornada

Les expuse los materiales al ingreso para que los investiguen, familiaricen, toquen y pregunten si les surgía la necesidad.

Se estableció un proceso lúdico de adivinanzas acerca de los nombres, instancia que lxs colmó de júbilo y entusiasmo por comenzar la tarea. Se sucedieron asociaciones entre los colores de los potes y los del ambiente y ropa de cada uno. Sólo a uno de los varones le llamó la atención acerca del gran tamaño de las hojas que utilizarían.

Me acompañaron a recortar los trozos de cinta adhesiva para pegar las hojas en la pared que, obedeciendo a una mayor amplitud, las ubiqué de forma horizontal,  frente a lo cual ningún niñx optó por lo contrario.

La primer consigna estuvo vinculada con una primer toma de posición, induciendo a que cada unx se apropie de una hoja determinada según sus preferencias e intereses espaciales. Frente a la propuesta, todos se miraron entre sí esperando la respuesta del otro, buscando con gestos quien tomaría la iniciativa. Fue así que los primeros en elegir posiciones fueron los varones y la hoja que quedó vacía fue para la niña, quien atenta a ver qué hacían sus compañeros, tuvo que elegir la hoja que quedó sin dueño.

Se les indicó que tomen un lápiz y que cada unx colocara su nombre en la hoja elegida. Luego, les propuse que de a uno por vez, escojan un color determinado y un pincel del tamaño que ellos quieran (entre los dos posibles) para usarlos durante todo el encuentro. Este color será su indicador, su representante, su huella como marca e impronta de sí mismos en las hojas. Se invitó a cada unx de lxs niñxs a establecer asociaciones en torno al color escogido, qué les sugería, con qué lo vinculaban y qué se imaginaban hacer con ese color. Los estimulé a que dibujaran lo que ellos habían decidido realizar con los colores elegidos, surgiendo lo siguiente:

    ANA LAURA  color violeta pincel grueso  A mi mamá”
                                                            
MATÍAS color rojo pincel grueso   “Una casa”

ALEJANDRO color verde pincel grueso “Un nenito” 

JAVIER color marrón y pincel grueso "Un nene"
Tomó el color marrón, pero dijo que era el amarillo. Sus compañeros comenzaron a gritarle que no era ese el color. Luego dice que es azul. Sus compañeros le hacen gestos negándole con la cabeza, expresándole que tampoco era ese el color; hasta que un participante le indica, que el color que él eligió es el marrón. Me mira y le corroboro que es el color marrón el que eligió. 

JUAN color celeste pincel grueso “Un nene”
                                                              

Los observé muy compenetrados con la actividad, al punto tal que tocó la campana anunciando el recreo y sólo uno preguntó si podían salir después que terminen de trabajar, pedido al cual accedí.
Una vez que finalizaron de trabajar, los invité a realizar comentarios en torno a lo surgido en cada una de las producciones, en relación al trabajo individual y al del resto de sus compañerxs.
ANA LAURA: “Es mamá, está linda. Está con papá. Adentro tiene el hermano”.
MATIAS: “Casa”.  Frente a su dificultad para expresarse (retardo del lenguaje del  tipo anártrico, que  afecta   su  elocución  pero  no  su  comprensión), le pregunto cómo era esa casa y respondió  “linda”.  Al observar que rehuía con la mirada al trabajo, poniéndose bastante incómodo al tener que hablar, suspendo las preguntas.
ALEJANDRO: “Un nene, una casa, un sol y una nube; está lindo el nene”. Le pregunto si agregó cosas (con relación a su propuesta inicial) y dice “Si, yo tenía ganas, yo lo quería hacer”. (Fue el que más tiempo estuvo produciendo).
JAVIER: “Yo y mi papá”. Le pregunto dónde estaba el nene (que fue lo que inicialmente propuso) y me señaló una de las figuras (la más difusa).
JUAN: “Es un nene, está dibujando”.  Le pregunto qué era lo que estaba dibujando ese nene y me respondió: “Está dibujando una nena con pintura”.
Luego de los comentarios generales, deciden salir  al recreo, instancia imprescindible en su rutina escolar. Cuando retornamos les propongo, cada uno ir a lavar los pinceles y bandejas utilizados. 

Segunda Jornada
    Se mostraron al ingreso de la escuela inquietos por “jugar con los colores”, como decíanMe ayudaron nuevamente a disponer los materiales a utilizar. Cada niñx recordó el color que había elegido el día anterior y con el cual se trabajó en esta segunda etapa. La consigna consistió en empezar a trabajar cada unx en una hoja en la que previamente le colocarían el nombre, realizando un dibujo, una marca, un trazo, o lo que tengan ganas de hacer. 
    Pasado un lapso de tiempo breve (aproximadamente entre 2 y 3 minutos, tratando de evitar que la actividad se torne en  “tapar”  la producción del otro) deberán rotar con el color que cada unx tenía, a la hoja del compañerx que tienen a su derecha; en ella podrán: continuar con el dibujo propuesto por el otro, crear una nueva imagen o realizar una pincelada, indicándoles el momento en el que debían cambiar de lugar. La actividad se da por finalizada cuando todos  han “pasado” por todos las hojas.
    En las dos primeras rotaciones se presentaron pequeños inconvenientes, producidos por la confusión en la lateralidad, siendo preciso que les indicara hacia dónde se debían dirigir. Luego, y de manera autogestiva grupal, entre ellos se decían hacia qué hoja debían conducirse para dejar su impronta. Sólo Alejandro manifestó al tener que “meterse” en el trabajo de su compañero, lo siguiente: “Uy!, ésto tengo que seguir?”; le indiqué que lo podía continuar o realizar otra cosa con su color.
    Casi no emitían sonido, estaban muy concentrados dibujando; sólo surgieron pequeños comentarios y risas al momento de rotar.
    Se dio una cuestión muy interesante con relación al “tiempo”.  Comenzaron a quejarse por lo breve del tiempo empleado para desplegar las producciones. Me pidieron quedarse más en cada lugar. Frente a este pedido,  opté por ir observando atentamente los dibujos de cada uno antes de proceder a la rotación.
    Juan se mostraba muy ansioso por producir más y más, acotando: “listo, ya está y ahora qué hago?”. Le comuniqué que debíamos esperar a que todos sus compañeros finalicen sus dibujos para luego poder rotar.
    Alejandro emite una queja acerca de los colores que tenía su pincel, que ya no eran los mismos en referencia al color del cual había partido: “Seño, esto pinta rojo ahora!!!”.
    Observamos los dibujos y escuchamos los comentarios surgidos una vez que todos terminaron. A nivel grupal no enunciaron verbalmente comentarios, si lo hicieron gestualmente con sonrisas y risas. Luego de distenderse un poco, tres asistentes verbalizaron:
ANA:  “Dibujaron todos, en el de Javier también...”
JAVIER:  “Me pintaron todo...!!!”.
ALEJANDRO:  “Me pintaron todo de rojo, de violeta, de celeste, de marrón; hay cualquier cosa...”



    Una vez que retornaron del recreo y la merienda, nos abocamos a la parte final del trabajo. Me ayudaron nuevamente a colocar otras hojas en la pared, les dibujaron automáticamente el nombre y me miraron, como esperando la consigna próxima. Les comento que podían hacer cualquier dibujo, pero a diferencia de los otros dos, utilizarían todos los colores disponibles, y se los irían intercambiando según ellos quisieran y las necesidades que tuviera cada uno. Surgieron gritos y exclamaciones de euforia frente a este comentario.

    Comentarios en base a la última producción:

ANA: "Una casita, la bandera, y esto...no sé...”
MATIAS: “Nena, nene, sol, pasto”

ALEJANDRO:  “Yo hice una casa gigante y un sol”

JAVIER:  “Hice una casa y un chico”
                       JUAN: “Yo hice a un pibe que está pintando con un pincel en la mano”

CONCLUSIONES
    Una de las temáticas que apareció como significativa, fue la selección del material utilizado. Les expuse dos tamaños de pinceles, uno fino y otro grueso. Todos los participantes escogieron el pincel más grueso, no por el trazo que despertaran, sino en relación al largo del mango del pincel.. cuanto más grande y largo pareciera ser mejor?
    Otra cuestión fue la desesperación surgida al dejar “libre” la actividad, pudiendo utilizar todos los colores, en la tercer y última parte del proyecto. Si bien no denotaron molestia ni incomodidad en los primeros dos trabajos, en donde utilizaron sólo un color, se observó luego que se sentían como contenidos, atrapados en la consigna impartida.  
    Los colores, en las distintas producciones no fueron utilizados según un patrón convencional (celeste: nube; rojo: manzana), sino asociados a cuestiones de placer o de contenido afectivo: mamá, casa, nene, etc. Esta temática reapareció en la segunda producción, pero extendiéndose algo más en relación a lo que se llama la composición de elementos que configuran una obra, agregando de esta manera objetos, tales como sol, nubes, árboles, etc.; para terminar en la tercer producción con una composición definida y propia.
Demoraron en comenzar a trabajar, riéndose, bromeando, dialogando, manifestación habitual frente a una labor nueva, cuestión que no impidió pudieran trabajaran de manera asombrosamente ordenada.
    Con relación al nivel individual me parece fundamental destacar lo que sucedió con uno de los niños; con Javier. En su segunda producción, luego de escribir con lápiz su nombre y de emitida la consigna (dibujar lo que cada uno quiera y a la señal rotar a la hoja del compañero que tienen a su derecha),  lo primero que hace es “reapropiarse de su hoja”. Dibuja en letras bien grandes su nombre, parte de su domicilio y su edad. Creo que esta cuestión tiene que ver (entre otras múltiples causas) con dejar bien en claro que pese a que sus compañeros dejaran su impronta en “su propia hoja”, ésta seguiría siendo suya; él continuaría poseyéndose a pesar de las intromisiones sentidas desde afuera por otros.
    Algo de toda esta situación, vivenciada por Javier, sintió seguramente Ana quien fue la primera que debió continuar el trabajo de Javier. Su primer impronta fue el remarcado, con su propio color violeta, del nombre de Javier, su edad y domicilio. De esto desprendo, que pese a no haber existido una verbalización formal manifiesta de displacer acerca de “meterse en el mundo del otro”, esta cuestión circulaba latente en el grupo.
    Uno sólo de los niños, Alejandro, al tener que producir por primera vez en el trabajo del otro expresa “Uy, esto tengo que seguir?...” y “casualmente” no era cualquier trabajo el que debía continuar, sino justamente el de Javier, quien había ya denotado por sus trazos su poco agrado por “ser invadido”. De todas formas ésta cuestión no se tornó en un impedimento para que  Alejandro, luego de emitir su opinión, pueda dibujar en “esa hoja”.
    Mi rol en calidad de Arte Terapeuta consistió en sostener al grupo y alentar su expresión con el máximo de posibilidades vehiculizando en todo momento la palabra hablada. Para el análisis de los encuentros tuve en cuenta la dinámica individual y grupal que se generó a partir del planteamiento de cada una de las tres consignas propuestas, observando la actitud y la motivación de cada participante al elegir la hoja por donde comenzará su actividad (lugares o posiciones) y el espacio gráfico en el cual sellaron su pertenencia, al escribir su nombre en la misma. 
    Registré también la elección de los colores, ya que fueron los mismos en las dos primeras etapas observándose su “despegue” o no del mismo en la producción final. 
Se hizo especial atención en la “marca inicial” con la cual cada uno de los niños  inaugurará el primer trabajo, tomado esto como hecho fundante de la propuesta. Se observó atentamente las reacciones de cada niño frente a la intromisión del otrx en su propio trabajo, analizando qué vehículos se movilizan y la capacidad de superación lograda frente a este hecho.

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